motion guggenheim Es un espacio pensado por y para el arte, y con muy buen criterio se ha puesto en marcha esta muestra ya que en el mundo del motor, muchas veces, por diseño y por construcción, los coches son verdaderas obras de arte. Motion: Autos, Art, Arquitecture, se podrá visitar hasta el 18 de septiembre en el museo bilbaíno. Un total de 37 piezas de diferentes coleccionistas se han acercado al gran público, en base al criterio del comisario de la exposición Norman Foster, que ha aportado once de la suya propia, revelando estas piezas un gusto muy ecléctico por parte del arquitecto británico a la hora de aumentar su número de unidades.

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Motion está dividida en varios apartados, con arreglo a la evolución del automóvil en la historia, comenzando con vehículos con un siglo de vida y acabando con monoplazas de Formula 1 actuales. En medio, los años dorados donde la imaginación y la libertad de creación eran patentes, sin olvidar la practicidad y las necesidades de los compradores de cada época.

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Ciñéndonos al mundo del todo terreno, había dos piezas significativas. Por un lado un Jeep Willys MB de 1945 de los que construyó Ford, tras una larga licitación con el gobierno americano para homologar el modelo para uso militar por el ejército de aquel país.

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Sigue siendo toda una referencia hasta nuestros días en el que aun circulan por pistas y caminos de muchos países.

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El segundo 4×4 es un Citroën 2 CV Sahara. Se trata de la versión más campera de uno de los modelos más icónicos de la historia del automóvil y el primer 4×4 basado en ser bimotor, ya que utilizaba un propulsor, una caja de cambios, y un depósito para mover cada eje, teniendo duplicadas muchas de sus piezas.

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Se distribuyó en su mayor parte por explotaciones mineras de las colonias francesas en África, quedando tan solo una treintena operativos en todo el mundo.

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El resto de coches expuestos son muy exclusivos y claves en la historia de la automoción, pero había dos que aun no estando concebidos para rodar fuera del asfalto, merecen una atención especial por las pocas unidades construidas y más aun por las que se mantienen en perfecto estado en el primer caso y por el hecho de ser único en el segundo. La primera es el Ferrari 250 GTO (Gran Turismo Omologato), que supuso uno de los últimos modelos que servían para el día a  día normal y competir el fin de semana, sin perder comodidad de uso y mucho menos prestaciones deportivas. Con más de 300 caballos para mover una tonelada de peso era un autentico disparo para la época de los 50 en la que se presentó. La unidad expuesta es la que con los pilotos belgas Elde-Beurlys consiguieron el tercer puesto absoluto en las 24 horas de Le Mans de 1962. Ahora es propiedad del piloto Nick Mason, que participó en el Mundial de Resistencia a principios de los 80, siendo más concido por ser el  batería del grupo musical Pink Floyd. Mason participa ahora en carreras de clásicos y este 250 es uno de los coches que usa (de hecho se irá de la exposición antes de que acabe la misma al tener un compromiso deportivo, siendo sustituido por otro Ferrari clásico propiedad de su hija, que también compite).

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La segunda es uno de los dos Pegaso Z-102  Be Cup o “Cupula”, que la empresa española Enasa construyó. Corresponde a la orden de pedido de fabrica 21 y tiene el numero de chasis 0-021. Construido en 1952, se concibió originalmente para captar clientes en salones internacionales. Tras pasar por los de Paris y Londres, cruzó el charco y cumplió la misma función en el de Nueva York. Lo adquirió Rafael Trujillo, quien gobernó la República Dominicana en un par de fases en las décadas de los treinta y los cincuenta. Tuvo posteriormente propietarios puertorriqueño primero y norteamericano después, recuperando tras una reforma carrocería “berlinetta” y siendo repintado en color plata. Adquirido por un coleccionista alemán en 1987, ha recuperado su configuración y colores originales, siendo absolutamente único, ya que la segunda unidad Be Cup denominada “Flor de The” que se construyó, desapareció desguazada. Cuando acabe Motion volverá al museo Lowman en Holanda donde descansa habitualmente.

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Como complemento diversa cartelería, esculturas, reproducciones y pequeños detalles completan las salas de exposición, que mantiene  unas extremas medidas de seguridad. Con los coches vigilados atentamente las 24 horas, habiendo sido desprovistos de sus respectivas baterías y habiendo sido vaciados por completo sus depósitos de combustible para evitar cualquier incidente. Desde el museo, se ha controlado el traslado de forma anónima acogiéndose a una póliza de seguros de altísimo coste, y si bien las salas son mantenidas por los servicios de limpieza habituales del Guggenheim, los coches son cuidados por los conservadores de obras de arte de la institución.

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Lo mejor, es que esta siendo un éxito de público con hasta 7000 visitantes diarios y ampliación del horario para el público. Meses atrás se puso en marcha una de motos, que también resulto muy concurrida, por lo que no sería descabellado pensar en futuras exposiciones similares.

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Impresionante también los objetos conmemorativos de Motion, con posters, reproducciones y multitud de artículos de merchandising que servirán para mantener en la memoria del aficionado tan incomparable evento.

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Para los que no puedan asistir, muy recomendable es el programa de la exposición de gran formato y generosamente ilustrado, con un breve bosquejo de cada vehículo expuesto y el concepto desarrollo y justificación de  la muestra. Toda la información se puede conocer a través de la web del museo: www.guggenheim-bilbao.eus

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